'YO NACÍ LIBRE”. La mirada de Cervantes en las mujeres del Quijote

Del 1 al 25 de marzo en el horario de apertura de la biblioteca.

Biblioteca Guinardó-Mercè Rodoreda. (Barcelona)

  Una gran parte de mi trabajo está planteado en relación a la mujer y, más concretamente, en hacer visible el trabajo de mujeres que a través de la historia han intentado abrir caminos para que las circunstancias y el modo de vida de la mujer fuesen cambiando.

  El patriarcado se ocupaba de mantener el dominio masculino, y pese a los derechos ya adquiridos por las mujeres sigue rigiendo en una gran parte de la sociedad actualmente: “La negación a las mujeres de su propia historia, ha reforzado que acepten la ideología del patriarcado y ha minado el sentimiento de autoestima de cada mujer", señala Gerda Lerner en su libro 'La creación del patriarcado', feminista e historiadora también un tanto olvidada.

  Hace algún tiempo, al participar en una exposición colectiva en torno a la novela de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”, pensé en releerlo desde la perspectiva de género. Fue grande mi sorpresa al comprobar la visión que Cervantes tenia de las protagonistas femeninas. Según pude comprobar posteriormente, durante los últimos años se han realizado numerosos estudios al respecto, ello nos ha hecho ver que la perspectiva que tenía Cervantes era la de hacer avanzar el concepto que la sociedad de su tiempo tenía de las mujeres.

  Pero es el personaje de la pastora Marcela el que he querido destacar entre todas ellas. Primer personaje (ficticio) feminista de la literatura en castellano, autónoma con bienes propios, independientes de los hombres y libre. Defiende su libertad y sus derechos con un discurso que pronuncia en el entierro de Grisóstomo y que dice, entre otras cosas: "Yo nací libre, y para poder ser libre escogí la soledad de los campos". En muchos aspectos la presentación de Marcela es tan progresista que desafía estereotipos de comportamiento femenino, no sólo de los tiempos de Cervantes, sino incluso de hoy en día.

  Además de Marcela, otras mujeres del Quijote, sugeridas por la descripción que de ellas hace Cervantes en su novela, son las protagonistas de la exposición. El objetivo de esta propuesta es pues, dar a conocer algunos de los personajes femeninos de "Don Quijote de la Mancha". Pero son palabras de Marcela las que dan el título a la exposición: “Yo nací libre”. 

  Marisa Ordoñez

Televisió

 Estos días se puede ver en la Biblioteca Mercè-Rodoreda, en el Baix Guinardó, la exposición "Yo nací libre, la mirada de Cervantes en las mujeres del Quijote". Son una treintena de pinturas de Marisa Ordóñez, hechas en papel artesano, donde el artista Hortencia muestra su visión de los personajes femeninos que aparecen en la novelala del Quijote.

Galería de imágenes

Montage de la exposición-Juana Navarro y Maria Jesus AlvarezVitrina con parte del material utilizado en la preparacion de la exposicionVista de la salaVista de la salaRafael M. Mérida Jiménez, profesor Serra Húnter de la Universitat de Lleida, conferenciante. Marisa OrdóñezRafael M. Mérida Jiménez y Marisa Ordóñez.

Críticas y comentarios

JO VAIG NÈIXER LLIURE.

LA MIRADA DE CERVANTES EN LES DONES DEL QUIXOT

Conversatori amb Marisa Ordóñez al voltant de la seva exposició.

Biblioteca del Guinardó – Mercè Rodoreda

(Barcelona, 9 de març de 2017)

Rafael M. Mérida Jiménez

(Universitat de Lleida)

  1.- Afirmaba el narrador italiano Italo Calvino que “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir” y esta exposición así lo confirma: Marisa Ordóñez nos ha brindado una aproximación que confirma la vitalidad de Miguel de Cervantes (1547-1616) y de su obra magna (1605 y 1615), al tiempo que un ejercicio de apropiación. Esta exposición ofrece la recreación plástica de una creadora del siglo XXI, a quien, creo, le ha sucedido algo muy parecido a cuanto también proponía Calvino: “Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad” (o simplemente releerlos, añadiría yo). Gracias a esta exposición de Marisa Ordóñez, redescubro otro Don Quijote a través de su arte. No es mérito menor, ni mucho menos, pues dota a la obra magna cervantina de valor y vigencia más de cuatro siglos después de su publicación.

  2.- Marisa ha realizado 30 creaciones a partir de un conjunto muy plural de personajes femeninos de la novela: entre ellos, por supuesto, se encuentra el más popular, Dulcinea del Toboso, acompañada de un rico plantel de mujeres de las más diversas condiciones “sociales” (del pueblo llano a la aristocracia). Esta selección confirma una realidad que, aunque perogrullesca, merece destacarse. A pesar de que, como muy bien sabemos, el protagonismo de la obra recaiga en una 2 pareja masculina, el universo femenino brilla con luz propia. Y este universo merece ser revisitado por muy diversas razones, antes y después de un 8 de marzo.

Gracias a Marisa, podemos concentrar nuestra mirada en un ámbito al que se ha prestado menos atención de la que imaginaríamos. Hasta fechas relativamente recientes, la obra de Cervantes apenas había sido valorada desde los estudios feministas y de género, a pesar de que a lo largo del siglo XX no hayan sido pocas las escritoras que han vindicado esta mirada de forma más o menos explícita, como sería el caso de la filósofa María Zambrano, una de las escasas mujeres galardonadas con el Premio Cervantes, el más importante de las letras en lengua española. Zambrano fue, de hecho, la primera mujer en recibirlo, en 1988.

  3.- Cabría subrayar, no obstante, que el universo femenino cervantino es muy amplio, y no se limita al Quijote. Como muchos de ustedes recordarán, algunas de las “novelas ejemplares” ya remiten a las mujeres desde el título mismo: pienso, por ejemplo, en La española inglesa, Las dos doncellas, La gitanilla o La ilustre fregona. Pero también en otras obras de Cervantes, como La Galatea, novela pastoril de 1585, o su obra póstuma, la novela bizantina Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que vio la luz en 1617. Cervantes fue un autor que prestó voz y concedió protagonismo a las mujeres de su tiempo a lo largo y ancho de su producción literaria, en prosa y en verso.

Este rasgo merece ser destacado, pues constituye una buena metáfora de la modernidad de Cervantes. De la misma manera que Don Quijote de la Mancha no es sólo una sátira a los libros de caballerías, las mujeres cervantinas forman parte de esa voluntad de nuestro autor por representar la experiencia humana en toda su realidad compleja. Una voluntad y, al tiempo, un logro que le convierten en el creador de la novela moderna, pues no puede existir la representación de la experiencia humana en toda su complejidad sin la presencia de las mujeres.

  4.- Esta exposición no puede ofrecer toda la diversidad femenina del Quijote, pues, como destacara Fanny Rubio, más de doscientos nombres de mujer circulan por 3 sus páginas: personajes, referencias a mujeres históricas o alegóricas, o remisiones a la Antigüedad clásica y a la cultura medieval.

Marisa Ordóñez se ha centrado, acertadamente a mi juicio, en personajes femeninos, dotando de forma y fondo sus cuerpos, gracias a la técnica artística empleada, de gran hermosura, y acompañados por fragmentos significativos de la novela. Habrá quien podrá echar de menos alguno, pues cada lector guarda en su memoria escenas que, por una u otra razón, han pervivido con mayor frescura. Yo, sin ir más lejos, siento una cariñosa predilección por Aldonza Lorenzo, el “personaje real” en la ficción que se esconde tras Dulcinea.

Evidentemente, Dulcinea sería la idealización extrema de un modelo de mujer que crea el caballero andante ya en el primer capítulo de la obra, afirmada y negada a un tiempo, transformada hasta en su onomástica. Aldonza, por el contrario es la mujer real, masculina donde las haya, que Sancho Panza describe con una gracia insólita en el capítulo 25 de la Primera parte. Nadie como Cervantes supo en su tiempo transformar literariamente la cara y la cruz de la feminidad –y de la masculinidad-. Nadie como él, tampoco, supo bañar una trama con esta impagable ironía.

  5.- La “modernidad” cervantina a la que aludía, a propósito del tratamiento de los personajes femeninos, merece un breve excurso. Antes afirmaba que no puede existir la representación literaria de la experiencia humana en toda su complejidad sin la presencia de las mujeres. Pero quizá valga la pena apuntar que Miguel de Cervantes estuvo en contacto –y en ocasiones en trato conflictivo- con muchas mujeres, a lo largo de casi toda su vida, empezando por las que pertenecieron a su entorno familiar más inmediato, de manera que ha podido sostenerse que personajes tan indispensables del Quijote como Dorotea, seducida y abandonada, bien pueden considerarse trasunto de experiencias nada abstractas. 6.- Marisa Ordóñez confiesa que el personaje de Marcela ha sido uno de los que más le han cautivado y llega a considerarlo el primer personaje literario feminista 4 de la literatura castellana, como consecuencia de su autonomía y libertad, independiente de los varones. No pocas investigaciones de los últimos años han incidido en esta senda interpretativa. ¿Cómo no apreciarlo así desde nuestra perspectiva, cuando leemos “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos” (I, 14, p. 154)?

Marcela, a mi juicio, nace en el taller cervantino como coprotagonista de un cuento intercalado al principio de la Primera parte (su aparición se produce al final del capítulo 14) y sirve, en primera instancia, como apología de una libertad amorosa en contra de los arquetipos femeninos de la novela pastoril en los que bebe este episodio. En realidad, en el contexto histórico-literario de 1605, el episodio de Grisóstomo y Marcela sería un ataque en toda regla al neoplatonismo bucólico. Su originalidad radica en que evita las vías más comunes de vida para las mujeres reales de los siglos XVI y XVII (que son el matrimonio o el convento), en beneficio de una “soledad”, de una insólita “habitación propia campestre”, en donde el amor y la sexualidad deben estar ausentes en beneficio de la “honestidad”.

  7.- Marisa me pide que lea parte de las “razones” de Marcela, como broche entre mi intervención y la suya. Aunque se trate de un fragmento que merecería una voz femenina, imposto ahora la mía, no sin agradecerle nuevamente su generosidad:

La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por solo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles d’estas montañas son mi compañía, las claras aguas d’estos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. (…)

El cielo aún hasta ahora no ha querido que yo ame por destino, y el pensar que tengo de amar por elección es escusado. Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho; y entiéndase, de 5 aquí adelante, que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque quien a nadie quiere, a ninguno debe dar celos; que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias y no codicio las ajenas; tengo libre condición y no gusto de sujetarme: ni quiero ni aborrezco a nadie. No engaño a este ni solicito aquel, ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas d’estas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera.

Y en diciendo esto, sin querer oír respuesta alguna, volvió las espaldas y se entró por lo más cerrado de un monte que allí cerca estaba, dejando admirados, tanto de su discreción como de su hermosura, a todos los que allí estaban. (I, 14, ed. Rico, pp. 154-155).